Mecenazgo empresarial: contratos de asociación en participación

Existen opciones que aportan al emprendedor los recursos necesarios para iniciar su proyecto empresarial si él no cuenta con ellos, y sin la necesidad de endeudarse. Aquí te presentamos una de ellas.

Admin UBR

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Es muy común: tienes una buena idea de negocio, un plan bien desarrollado, pero, para tu desgracia, no tienes todos los recursos necesarios, ¡menudo detalle!

Podrás desanimarte y decidir aplazar el proyecto, o simplemente le darás carpetazo definitivo. Sin embargo, existe una manera de concretar y comenzar con esa empresa, sin necesidad de endeudamientos.

Existe una figura denominada “Contrato de asociación en participación”, que es aplicable en el negocio de los bienes raíces y, en muchos otros sectores. A través de este tipo de acuerdo, un empresario puede recibir bienes o servicios de un tercero, en calidad de usufructo (a menos que se establezca lo contrario), a cambio de aportarle a este una participación que le permita recibir parte de las utilidades (o pérdidas) de la compañía.

El contrato de asociación en participación, es, por así llamarlo, un “noviazgo empresarial”, un contrato sencillo que evita la proeza de embarcarse a una sociedad anónima en toda la extensión de la palabra.

A continuación, te lo explicamos más a detalle y te damos los puntos más trascendentes para que puedas digerirlo y apalancarte con él.

-Estos contratos se rigen bajo la Ley General de Sociedades Mercantiles, en el capítulo de las Sociedades de nombre colectivo, del artículo 252 al 259.

-Cuando se crea una sociedad con este tipo de contrato, no se crea una nueva persona jurídica, es decir, las partes no se unen para convertirse en persona moral, siguen siendo personas físicas. Esto quiere decir que no tendrán un nombre, denominación, ni razón social.

-Existen dos figuras en este contrato: el asociante y el asociado. El asociante es el titular de la compañía, el encargado de gestionar, administrar y responder por los derechos y obligaciones de la compañía. El asociado, en cambio, es únicamente un “mecenas” que facilita la utilización de sus bienes y servicios, para que el asociante pueda sacar provecho de ellos. El asociante, en agradecimiento, le retribuye un porcentaje de ganancias al asociado, y también lo hará absorber pérdidas, si es el caso.

Es importante aclarar en este punto, que, con el fin de proteger las inversiones del asociado, las pérdidas que deba absorber este nunca serán mayores al valor de sus aportaciones.

-Este contrato es de índole privada, es decir, ante terceros, la empresa está a nombre solo del asociante, y, como se señalaba en párrafos anteriores, él responde por ella. Solo de manera interna se sabe que hay un segundo socio, el asociado, que está, por así decirlo, oculto, ante los ojos de personas ajenas a la organización.

-Para efectos tributarios, el asociante cumple con las mismas obligaciones que cualquier persona física convencional.

-Con respecto a la repartición de utilidades y pérdidas, ambas partes serán totalmente libres de definirlo a su criterio en el documento. No obstante, si olvidan hacerlo, la Ley General de Sociedades Mercantiles señala en el artículo 16, que la distribución de estas se efectuará en proporción a las aportaciones.

-Por regla general, los bienes y servicios son prestados en calidad de usufructo, es decir, que no le pertenecen al asociante, pero sí puede utilizarlos; sin embargo, es preciso aclarar este punto y así evitar que el asociado pueda ser despojado de lo que prestó.

-El contrato debe ser formalizado por escrito, y no es necesaria la fe pública de un notario.

-Las aportaciones y el acuerdo de reparto de utilidades deberán estar clara y correctamente plasmados en el documento, con la finalidad de evitar ambigüedades.

-Sobre la vigencia, el asociante y el asociado la definirán a conveniencia, salvo una excepción: Si dentro de los bienes concedidos se compromete el uso de algún terreno ejidal o comunal, la duración de la sociedad con este bien de por medio no podrá durar más de 30 años, aunque existe la posibilidad de solicitar prórroga.

-El asociante no podrá realizar actividades comerciales o productivas usando el nombre del asociado, siempre deberá usar el propio, pues recordemos que es el primero quien gestiona y da la cara por la empresa de manera oficial.

El contrato de asociación por participación es una excelente forma de apalancarse para iniciar un proyecto empresarial, y así conseguir un ganar-ganar.




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